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Argumentarios; por Elisa de la Nuez, abogada del Estado

22/06/2021
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El día 22 de junio de 2021 se ha publicado, en el diario El Mundo, un artículo de Elisa de la Nuez, en el cual la autora opina sobre los indultos.

ARGUMENTARIOS

Quizás lo más preocupante de la cuestión de los indultos a los presos condenados por la sentencia del procés es el bajísimo nivel del debate público en torno a su concesión. Los argumentarios de los partidos han hecho estragos en un tema central para el futuro del Estado de derecho y de nuestra convivencia democrática, en primer lugar dentro de Cataluña. Como es sabido, los argumentarios son más bien consignas que se facilitan a los sufridos políticos que tienen que enfrentarse con preguntas incómodas acerca de problemas espinosos o/y complejos con la finalidad de que no se salgan ni un milímetro de la línea oficial, establecida normalmente por el líder del partido y sus asesores de comunicación. Se trata, en definitiva, de que nadie piense por sí mismo y pueda decir algo espontáneamente que perjudique lo que se percibe como el interés supremo del partido (que siempre se identifica con el interés de España, eso va de suyo).

Lo más interesante de los argumentarios a favor del indulto ha sido, no obstante, su extrema mutabilidad. Hay que reconocer que se partía de la incómoda realidad de que el presidente del Gobierno se había pronunciado -eso sí, en una vida anterior, como diría Carmen Calvo- en primer lugar a favor de limitar los indultos otorgados en contra de lo establecido en los informes preceptivos cuando los otorgaba el Gobierno del PP y, en segundo lugar, a favor del cumplimiento de las sentencias. Para una jurista en ejercicio no deja de ser interesante recordar, aunque sea brevemente, cuál ha sido la evolución del argumentario, en la medida en que alguno de ellos tropezaba con el ordenamiento jurídico vigente o, más pedestremente, con la realidad de las declaraciones de los independentistas, que a estas alturas han pasado pantalla, como se dice ahora, y ya dan los indultos todavía no concedidos por amortizados. Un trámite que había que pasar y a otra cosa. Y es que, como sabemos los profesionales del derecho, cuando una postura procesal se defiende con varios argumentos sucesivos y contradictorios lo más probable es que el juez desconfíe de las razones que se invocan. Claramente la opinión pública es más benevolente que un juez, pero creo que tiene buenas razones para desconfiar.

En un primer momento, el propio presidente compareció para decirnos que teníamos que estar a favor de la concordia y en contra de la revancha. Estas declaraciones causaron no poco estupor. ¿El cumplimiento de las leyes y de las sentencias de los tribunales se considera ahora una revancha? Precisamente lo que caracteriza al Estado de derecho moderno es que suprime la revancha y la venganza en manos de particulares y la sustituye por las potestades punitivas del Estado, en manos de jueces y magistrados profesionales que aplican las leyes aprobadas democráticamente y que no tienen especial interés ni cercanía con el caso que se juzga. Todo un avance, desde mi modesto punto de vista.

Hemos oído también apelaciones a la generosidad, pero conviene recordar que con los bienes colectivos (el ordenamiento jurídico constitucional o la Hacienda pública, por ejemplo) es complicado ser generoso porque son bienes de todos, no patrimonio de alguien en particular, sea el Gobierno, un partido o un grupo de ciudadanos. De la misma forma, se nos ha dicho que este es un gesto valiente, cuando precisamente la defensa de los indultos es la postura oficial de los que mandan, de manera que es bastante más valiente (y no digamos ya en Cataluña) oponerse a su concesión. El que la Iglesia catalana y los empresarios hayan corrido a apoyarlos avala la idea de que es complicado separarse de la línea oficial, en el primer caso cuando tus fieles son independentistas entusiastas y en el segundo, cuando tus negocios dependen en buena medida de tus buenas relaciones con el poder. También se reconoce que puede tener un coste político pero que se asume con gallardía por el interés de España, cuando se pospone esta medida a las primarias en el PSOE de Andalucía. Si bien es verdad que después del pinchazo de Colón y del apoyo de la España oficial, el coste político parece cada vez menor, de manera que este argumento va decayendo a medida que aumenta el entusiasmo popular por la medida.

Especial mención, por lo frívolo e irresponsable, merecen aquellos argumentos que invocan la condición de víctimas de los presos del procés comparados (tal y como ellos mismos han hecho insistentemente, por cierto) con famosos activistas encarcelados por su defensa de los derechos civiles como Nelson Mandela. Este tipo de argumentos además de validar la tesis independentista de que España es un Estado opresor y tiránico comparable con la Sudáfrica del apartheid, nos hace asomarnos a un despeñadero ético en el que tanto vale un activista prisionero en las cárceles de un régimen infame como unos políticos irresponsables que, estando en el poder, pusieron en jaque un Estado democrático de derecho. Precisamente este es el tipo de comparaciones que hacen feliz a las tiranías del siglo XXI, ya que vienen a decir que al final un estado democrático y uno autoritario no son tan distintos: ambos encarcelan políticos. El dato de que unos lo hagan tras una sentencia de los tribunales que aplican el ordenamiento jurídico con un procedimiento garantista y otros, arbitrariamente por tribunales títeres y sin ninguna garantía se difumina alegremente. Al final no hay ninguna diferencia entre encarcelar a Navalny o a Junqueras.

Pero quizás los argumentos más interesantes no son los oficiales sino los que utilizan muchas personas bienintencionadas y más o menos bien informadas: sostienen que estos indultos van a favorecer la distensión y a mejorar la convivencia entre españoles y catalanes y, ya puestos, añadiría yo, entre catalanes independentistas y no independentistas, que hace bastante más falta. Estos son, a mi juicio, los argumentos más fáciles de rebatir si pensamos que para restablecer la convivencia y recuperar la institucionalidad perdida en estos difíciles años lo esencial sería recuperar el respeto a las reglas del juego democráticas, tan maltratadas en Cataluña (no solo durante el otoño de 2017). Y esto es lo que no se atisba en absoluto, porque más allá de las declaraciones (un tanto forzadas, por lo que se ve) de Oriol Junqueras sobre el error de la vía unilateral, no parece que en el sector independentista nadie esté dispuesto a ceder ni un milímetro para recuperar la esencia de toda convivencia democrática: el Estado de derecho, es decir, las reglas del juego democrático.

Esto quiere decir, en primer lugar, respetar las sentencias de jueces y tribunales, pero también la neutralidad de las instituciones, los derechos de todos los ciudadanos (incluidos los no independentistas) y la renuncia a la utilización constante de las medias verdades, la propaganda y, en general, la utilización sectaria de los medios de comunicación públicos con el dinero de los contribuyentes. Por supuesto, evitar la muerte civil de todo aquel que no comulga con el credo oficial. Nada de esto parece estar en la agenda, más bien todo lo contrario, aquello que es necesario para la construcción de un estado (iliberal) independiente.

Sin todo esto creo que los indultos no van a servir para nada, salvo quizás para afianzar la sensación de impunidad de los políticos que, a diferencia de los ciudadanos, pueden optar por no respetar las leyes cuando les plazca, con la convicción de que antes o después otros políticos que necesiten sus votos les sacarán las castañas del fuego. Nada nuevo bajo el sol, aunque hasta ahora la impunidad se refería a temas no tan graves. También servirá para intensificar la sensación de abandono de los catalanes no independentistas por parte de las instituciones del Estado que deberían defenderles.

En todo caso, lo que no podemos desdeñar es el coste que supone para el Estado utilizar instrumentos absolutamente excepcionales y que tienen carácter individual por razones de oportunidad política y que pueden arrojar sospecha de una concesión arbitraria, no ajustada a los parámetros de la ley (justicia, equidad o utilidad pública). Por esto hubo intentos de reformar la ley del indulto, para limitar que se pudieran conceder en contra del criterio del tribunal sentenciador, considerando que suponían “una injerencia del poder ejecutivo en el judicial”. Tampoco saldrá gratis en el terreno internacional

Esto no quiere decir que no sea muy conveniente abrir un debate público sobre la crisis territorial de Cataluña. Pero uno de verdad, en el seno de las instituciones que están para eso, y abandonando los argumentarios que solo sirven para convencer a los ya convencidos. Me temo que eso es lo que no vamos a tener.

Comentarios - 1 Escribir comentario

#1

El argumentario es un insulto a la inteligencia de los miembros de un partido. ¿como Vd. es tonto, le vamos a decir qué tiene que argumentar cuando alguien critique lo que hacen sus jefes!
Tabién es unmuestr del espíritu de"pensmiento unico" del partido. Extra ecclesia nula salus! o como decí Guerr, el que se mueva no sale en la foto!
Pero ¿no exige la CE78 que los partidos tienen que tener una estructura interna democrática?
Echémosle un vistazo a la estructura interna y casi todos son dedocráticos.
En consecuencia, ¿como pueden ser constitucionalistas los partidos que no cumplen con las reglas de la constitución?
¿Por qué ese asuhto del RESPETO A LA CONSTITUCIÓN no le interesa a nadie?

Escrito el 22/06/2021 17:29:19 por Alfonso J. Vázquez Responder Es ofensivo Me gusta (0)

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